Por José Luis Hernández– Fotos: BCL Photo
La Laguna-Aguere (Tenerife), 6 de febrero de 2025.
Actualizado a las 15.36 GMT

No me gusta mucho hablar de los árbitros. En muchas ocasiones es el recurso fácil, el refugio del derrotado que busca excusas. Pero hay momentos en los que, aún ganando, callarse es un acto de complicidad con el desastre, y lo que sucedió ayer en la Basketball Champions League ante el Manresa fue, sin ningún atisbo de duda, un auténtico escándalo.
Lo sucedido anoche con Gio fue la prueba definitiva de que en esta competición los árbitros han perdido por completo el control. No es la primera vez que lo vemos dado el precario nivel que suelen exhibir, pero lo de anoche fue el colmo de la desvergüenza. Acostumbrado a que lo empujen, lo agarren y lo desquicien con golpes continuos, aguantó varias faltas consecutivas sin señalizar y claro, al final explotó.
Cada partido es lo mismo. A Gio, también a Fran, lo cosen a palos y los árbitros miran para otro lado. Le empujan cuando recibe el balón, le agarran cuando intenta moverse, le golpean cuando va al aro. Y cuando la falta es tan evidente que el árbitro no tiene más remedio que pitar algo, algunas veces es en su contra.
Si alguien tiene dudas, que revise lo de anoche. Acción tras acción, Shermadini recibió faltas sin que los árbitros se atrevieran a señalar nada. Aguantó todo lo que pudo, como siempre, porque sabe que protestar en esta competición solo tiene una consecuencia: técnica en contra. Pero llegó un punto en el que no pudo más. Gritó, pidió explicaciones, levantó los brazos en señal de incredulidad y ahí sí actuaron rápido los árbitros. Técnica. Y cuando volvió a insistir, otra. Expulsado. Es decir, pueden darle golpes sin que pase nada, pero si alza la voz para pedir justicia, a la calle. Golpes gratis, protestas prohibidas. Si esto no es un escándalo, no sé qué lo es.
Hay que ser claros: esto no es mala suerte ni una simple mala noche de los colegiados. Lo que está ocurriendo en la BCL es un problema estructural, una señal inequívoca de que el arbitraje de la competición tiene un nivel bajísimo, algo que yo no les voy a descubrir. Y aquí hay dos explicaciones posibles. O bien los árbitros son absolutamente incompetentes y no saben diferenciar un contacto legal de una falta descarada, o bien hay algo más detrás. Y sinceramente, cada vez cuesta más pensar que esto es solo ineptitud. Porque los hechos son los que son. No es la primera vez que lo vemos y no será la última. Es muy fácil tratar de igualar la competición cuando permites que a los mejores jugadores los apaleen sin consecuencias.
Gio Shermadini no es un jugador que busque la polémica. No es de los que fingen, de los que buscan engañar al árbitro, de los que exageran cada contacto. Es un tipo noble, muy profesional, que se deja el alma en cada partido. Pero lo de anoche fue demasiado. Después de recibir varias faltas sin que nadie lo protegiera, acabó expulsado simplemente por protestar. De forma airada, sí, pero sólo por protestar. Como diría el genial Leo Bassi, Shermadini está hasta los mismísimos co+++++ Y con perdón, pero hay veces en las que no se puede decir de otra forma.
El Canarias, la Fiebre Amarilla y todo aquel que ame el baloncesto debería estar igual de indignado, salvo que seas del Baxi Manresa claro está, muy deportivos ellos… Lo de ayer fue una vergüenza y si la Basketball Champions League quiere que la sigamos tomando en serio, tiene que arreglar este desastre de inmediato. Porque a este ritmo, esto va camino de convertirse en una farsa absoluta. Shermadini merece respeto. El Canarias, el conjunto con mejor bagaje en esta competición, merece respeto. El baloncesto merece respeto.
¿Se enterará la FIBA de una vez?


























































