Opinión. Adelante con los faroles

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Por José Luis Hernández– Creatividad digital: SuperBasket Canarias

La Laguna-Aguere (Tenerife), 16 de enero de 2025.

Actualizado a las 10.49 GMT

En el baloncesto, como en la vida, hay que tomar decisiones valientes. Decisiones que no siempre son cómodas, que en ocasiones importunan, desgastan y, sin embargo, son necesarias. El CB Canarias ha decidido ir ‘adelante con los faroles’, una expresión que no sólo da título a este artículo de opinión, sino que define a la perfección el espíritu combativo y la determinación del club tinerfeño en su lucha por lo que considera justo. Porque cuando se trata de defender principios, no hay lugar para retroceder ni para encender luces cortas: aquí se va con todo, hasta el final.

Que quede claro para los que tienen la piel extremadamente fina: este asunto no va de quién está enfrente. Lo dijo alto y claro Aniano Cabrera, director deportivo del club, y lo suscribimos todos los que entendemos que el deporte debe regirse por el respeto a las normas y la equidad. La alineación indebida de Amida Brimah en el partido Valencia Basket-La Laguna Tenerife no es un tema de colores, escudos o supuestas rivalidades. Va de defender el marco reglamentario que asegura que todos los equipos compiten en igualdad de condiciones. Punto.

Si un club como el nuestro detecta lo que entiende como una irregularidad, su obligación no es callar, no es mirar hacia otro lado ni minimizarlo por evitar teóricas molestias a terceros. Su deber es alzar la voz y reclamar lo que considera justo. Aunque implique enfrentarse a decisiones desfavorables, al desgaste de un proceso legal prolongado o al riesgo de incomodar a instituciones poderosas. Ya saben, queridos amigos, que la verdad y la justicia no esperan a los pusilánimes pero hay que ‘putodefender’ al Canarias. Siempre.

Estando en Valencia para cubrir informativamente al equipo, fui testigo del momento en que el acta del partido se firmó bajo protesta. Desde entonces, he seguido cada paso de este proceso con la certeza de que llegar hasta el final no sólo es lo correcto, sino lo único que cabe hacer. Presentar los recursos que sean necesarios no es solo un acto administrativo; es una declaración de principios. Y en este tema, estoy completamente alineado con la postura del club: no hay que rendirse.

El camino elegido no es fácil, ni el más popular para algunos que siguen el baloncesto desde fuera de las fronteras de nuestro archipiélago y que ya han levantado la voz, especialmente en las redes sociales. ¿Quién quiere ganarse el calificativo de ‘respondón’ en un contexto en el que muchos prefieren la diplomacia del ‘buenismo’ a la integridad? Pero el Canarias ha entendido algo crucial: ser responsable no significa ser complaciente. Ser responsable significa actuar, y si ello implica recurrir, apelar y llegar hasta el Tribunal Administrativo del Deporte (TAD), entonces ese será el camino que recorreremos juntos.

Si la alineación indebida la hubiésemos cometido nosotros, no tengan la más mínima duda queridos lectores, que cualquier otro equipo de la Liga hubiese firmado el acta bajo protesta, y en este momento haría exactamente lo mismo. Porque lo que está en juego no es un partido, ni siquiera una posible victoria administrativa, que también. Lo que está en juego es la credibilidad de un sistema en el que todos los clubes, grandes, medianos o pequeños, deben tener la certeza de que las reglas se cumplen y que todos son iguales ante ellas.

Tenemos que avanzar en la penumbra, guiados sólo por la luz que llevamos. En este caso, esa luz es la normativa y la convicción del Canarias en la solidez de sus argumentos y en la justicia de su causa. Es una luz que podría parecer tambalearse, en algún momento, con el viento de las críticas o el cansancio, pero que seguirá adelante porque, como bien sabemos los canaristas de bien, detenerse a medio camino sería traicionar nuestros propios valores y eso no va con nosotros.

Desde mi punto de vista, es importante entender que esta lucha no es un capricho ni un gesto vacío. Recurriendo a Apelación y, si es necesario, al TAD, el Canarias de nuestros amores no sólo defiende sus propios intereses, sino que envía un mensaje potente a toda la comunidad del baloncesto en el estado español: las normas están para respetarse y cumplirse, y cualquier irregularidad, por mínima que le parezca a alguno, debe ser investigada hasta el final. Es un recordatorio de que el basket no es solo un espectáculo de una belleza plástica sólo comparable al Ballet Bolshói, sino también un espacio donde los valores de integridad y justicia deben brillar con las misma finura y estética.

Ya sé que alguno estará pensando que, en este mundo, donde muchas veces prima el ‘mejor no meterse en problemas’, nuestro club elige el camino contrario: la pelea honesta, aunque sea cuesta arriba. Esto no sólo habla del carácter de un club histórico, sino también del compromiso con su afición, la Fiebre Amarilla, que merece un equipo que no se rinde nunca, ni dentro ni fuera de la cancha, porque la verdadera grandeza no está en evitar los problemas, sino en enfrentarlos con la cabeza bien alta.

Y esta actitud no es solo una lección para el baloncesto, sino para todo. En cualquier ámbito de la vida, cuando sentimos que la razón nos asiste, debemos tener el coraje de encender nuestros faroles y avanzar, aunque el camino esté lleno de obstáculos y sombras. Al final, lo que importa no es sólo el resultado del proceso legal, sino lo que representa. Si el Canarias consigue demostrar su postura, habrá sentado un precedente importante en la defensa de la equidad en la ACB. Y si no lo consigue, habrá dejado una enseñanza igual de valiosa: que nunca, bajo ninguna circunstancia, se debe abandonar lo que uno considera justo, máxime cuando te ampara la normativa vigente. Aunque duela, aunque cueste, aunque el camino sea oscuro . Lo que no se defiende con valentía, se pierde con indiferencia. Y de esto último, en el Canarias, no saben nada. Yo tampoco.

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