- El Canarias no puede con el Valencia en el tercer partido y pone punto y final a una temporada brillante.
Por José Luis Hernández. Fotos; ACB Photo-E. Cobos
La Laguna-Aguere (Tenerife), 14 de junio de 2025.
Actualizado a las 23.00 GMT (Canarias)
El Canarias cayó este sábado en el Santiago Martín por 87-94 ante un Valencia Basket lanzado hacia la final de la Liga Endesa. Fue el tercer golpe consecutivo de los taronja, que certificaron el 3-0 en la serie y sellaron su pasaje a la gloria ocho años después. Pero aunque el resultado habla de una eliminación, lo que vivió el aficionado aurinegro fue otra cosa: una batalla de fe, talento y orgullo.
Los laguneros firmaron su mejor inicio de la serie, encendidos por un pabellón que creyó hasta el último aliento. Shermadini volvió a imponer su ley en la pintura, convirtiéndose de nuevo en Sherminator. Huertas desplegó esa sabiduría con la que ha marcado época y Fitipaldo fue pólvora desde fuera. En diez minutos, el Canarias era un vendaval: 29-18, con aroma de remontada y esperanza.
Pero el Valencia, veterano en estas historias, supo sufrir. Pradilla, Puerto y Badio se convirtieron en sombras letales, silenciosas pero demoledoras. Del 50-39 se pasó al 52-51 como un suspiro, en una ráfaga que rompió la estructura aurinegra y cambió el curso del partido. El parcial de 15-33 en el tercer cuarto dejó a lo aurinegros heridos y al borde del abismo. Aun así, el equipo entrenado por Txus Vidorreta no se rindió. Porque este grupo, que ha regalado una temporada muy brillante, no entiende de resignación. Con el alma por delante, se acercaron a cinco puntos (84-89) con menos de un minuto por jugar. Entonces, Josep Puerto, convertido en un nuevo símbolo del Valencia, alzó la mano y clavó el triple que sentenció el duelo. Fue un final digno de un equipo que ha vuelto a codearse con los mejores.
Hoy toca aplaudir al rival, que ha sido mejor en todos los partidos de la serie semifinal. Pero también toca agradecer, y mucho, al equipo que ha defendido con pasión el nombre de La Laguna y de Tenerife por todo el estado español. El Canarias, ese sí es el nombre más bonito, se despide de esta edición de la Liga Endesa con la cabeza alta, después de una campaña que quedará en la memoria colectiva por las victorias, por los momentos de magia y por la comunión con una afición, la Fiebre Amarilla, que nunca falla.
El Canarias cae eliminado, pero no vencido. Porque lo que queda tras esta serie no es una decepción, sino una certeza: este equipo está entre los grandes. Porque jugar unas semifinales de Liga Endesa no es casualidad, sino mérito. Porque cada temporada, este grupo vuelve a demostrar que no necesita etiquetas para ser respetado. Se ha ido un rival directo a la final, pero en La Laguna se queda algo más importante: una afición fiel, un proyecto consolidado y un equipo que no se rinde. La temporada termina. El orgullo, no.



























































