Por José Luis Hernández. Fotos: ACB Photo-Pol Puertas.
La Laguna-Aguere (Tenerife), 06 de abril de 2026.
Publicado a las 18.31 GMT.

Ayer no estaba en el Barris Nord como un integrante más de la Fiebre Amarilla (que también). Estaba trabajando, cubriendo el partido entre el Hiopos Lleida y La Laguna Tenerife para SuperBasket Canarias y narrándolo en directo para SuperBasket Canarias Radio. Como bien saben, queridos amigos, somos el único medio de comunicación que sigue a nuestro equipo fuera de casa —algo que da para un artículo de opinión… o quizá para varios—. aunque eso lo dejaremos para otro día. Lo que sí tengo muy claro, es que eso también marca la manera en la que uno vive lo que ocurre.
Pero hubo un momento en el que el partido pasó a un segundo plano… incluso antes de empezar. Cuando Txus Vidorreta saltó a la cancha acompañado por David Hernández, delegado del primer equipo del CB Canarias, el recibimiento no fue bueno ni agradable. La grada del Barris Nord le recordó un episodio pasado y la tensión se notaba en el aire. Y fue precisamente en ese contexto, con la presión encima, cuando Vidorreta hizo algo poco habitual: dirigirse a la afición para pedir disculpas.
No fue un gesto de cara a la galería. No fue teatro. Fue breve, directo y, sobre todo, sincero. Y ocurrió cuando más expuesto estás: antes del salto inicial, con todos los ojos sobre él y el ruido de la grada cargado de expectativa y recelo. Hay que ser muy grande y muy valiente para hacer algo así, y eso es precisamente lo que hizo.
Desde mi posición en la zona de prensa , con los cascos puestos y el micrófono abierto, narrando para quienes nos escuchaban en Canarias, entendí rápidamente que aquello tenía un significado especial. Porque no estaba hablando solo un entrenador. Estaba hablando el representante de nuestro banquillo, de nuestro equipo, de una manera de entender el baloncesto que también nos define como afición.
Y lo importante es que no fue un gesto aislado. Vidorreta ya había pedido disculpas el año pasado, incluso en rueda de prensa, mostrando coherencia y respeto hacia la afición del Hiopos Lleida. Y ayer, al finalizar el partido, volvió a hacerlo en la sala de prensa del recinto deportivo catalán. Ese tipo de acciones, reiteradas en el tiempo, hablan de humildad genuina, de alguien que sabe que reconocer errores no debilita, sino que fortalece la relación con los aficionados, aunque no sean los tuyos, y con el deporte mismo.
He contado muchos partidos de nuestro amado Canarias, en contextos muy distintos, tanto en territorio español como europeo y sé bien que no siempre es fácil gestionar ese tipo de escenarios. Lo sencillo, en una situación así, habría sido dejar pasar el momento, esperar a que el balón comenzara a botar y que todo se diluyera en el juego. Pero Vidorreta eligió algo más difícil: dar un paso al frente y rebajar la tensión desde la humildad.
Y eso, como canarista y como alguien que sigue de cerca a este equipo allá donde juega, me parece especialmente valioso. Porque el Canarias no sólo se ha ganado el respeto en la pista durante todos estos años. También lo ha hecho por su forma de estar, de competir y de representar a una ciudad, a una isla y a un archipiélago. Y gestos como el de ayer encajan perfectamente en esa identidad.
Luego vino el partido, la remontada del Hiopos Lleida y un final que nos se escapó. Pero, sinceramente, lo que ocurrió antes del salto inicial ya había dejado una imagen difícil de olvidar. Y el cierre del encuentro, con Vidorreta repitiendo su disculpa ante la prensa, reforzó aún más esa lección de humildad.
Porque hay gestos que no influyen en el marcador… pero sí dicen mucho de quién eres. Y el de ayer, antes de empezar y al final del partido, fue uno de ellos.



























































