Opinión. NBA en Europa

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Por José Luis Hernández – Creatividad digital: IA

La Laguna-Aguere (Tenerife), 01 de abril de 2025.

Actualizado a las 21.44 GMT

Algunos aficionados aurinegros, el pasado fin de semana en Zaragoza, me preguntaban al respecto, por lo que he querido plasmar aquí mi opinión sobre la llegada de la NBA a Europa.

Desde que tengo uso de razón baloncestística, he sido un ferviente seguidor y defensor del baloncesto estadounidense. La NBA, con su espectáculo sin igual, su nivel de competencia insuperable y su maquinaria perfectamente engrasada, ha sido siempre mi referencia absoluta cuando de este deporte se trata, si exceptuamos, obviamente, a mi adorado CB Canarias. Para mí, no hay debate: en la NBA están los mejores jugadores, los entrenadores más innovadores, los dirigentes más visionarios y las instalaciones más vanguardistas, por no citar la mejor cobertura mediática o los grandes mercados en el mundo de la canasta. Es el pináculo del baloncesto mundial. Por eso, cuando se habla de una expansión de la NBA en Europa, no puedo más que celebrarlo.

Mis primeros recuerdos de la NBA, antes de que desembarcara en Televisión Española (TVE) de la mano del legendario Ramón Trecet, se limitan a algún partido que, esporádicamente, emitía el ente público en lo que ahora se conoce como La 2 y a los vídeos, en formato estadounidense que había que convertir al europeo, que llegaban a mis manos en algunas ocasiones. Algunas de esas cintas en VHS iban rotando por el Instituto San Benito, de mano en mano, como un auténtico tesoro. Y las revistas, claro está, aquellas maravillosas revistas, como Nuevo Basket, SuperBasket, Gigantes o Basket 16 por citar algunas que nos trasladaban a un universo sin igual. Era un baloncesto casi inaccesible, mitificado, lejano, pero a la vez irresistible. Con el tiempo, se convirtió en mi referencia absoluta, en el modelo a seguir, y en la prueba más evidente de que el mejor baloncesto del planeta estaba a un océano de distancia.

La posibilidad de que la NBA desembarque en Europa con una Liga propia no solo es, para mí, emocionante, sino que representa un golpe en la mesa para desterrar de una vez por todas la mediocridad que, en muchos casos, asfixia al baloncesto europeo. Durante años, la Euroliga ha sido el torneo de referencia, pero, seamos claros, siempre ha sido una versión de segunda categoría en comparación con la NBA. Ni el talento, ni la gestión, ni el espectáculo se acercan al estándar de excelencia que marca la Liga norteamericana. Y si eso es en la Euroliga… ya se pueden imaginar lo que viene detrás. En la NBA todo está pensado para la grandeza; en Europa, en cambio, todo parece diseñado para perpetuar, siempre hay excepciones, el enchufismo, la falta de profesionalismo de  algunos  y los intereses de unos pocos.

En el baloncesto europeo hay demasiado mediocre con ínfulas de estrella. Jugadores sobrevalorados que creen que jugar dos buenos partidos en Euroliga, por no decir Eurocup o BCL,  los pone al nivel de las figuras de la NBA, entrenadores que se creen gurús de la táctica cuando en realidad no innovan nada y solo juegan como si su equipo tuviera a Stephen Curry en sus filas, y dirigentes que solo buscan exprimir hasta el último euro, en su beneficio, sin aportar valor al producto. En Estados Unidos los propietarios invierten fortunas privadas en adquirir las franquicias, de hecho, los Celtics acaban de ser comprados por 6.100 millones de dólares. Ellos se juegan su pasta y no la de los demás. Ponen dinero para mejorar la Liga y hacerla más grande, mientras que en Europa demasiados directivos se lo llevan calentito. Quizás, y digo quizás, con la llegada de la NBA a Europa se acabe, en cierta manera, el mamoneo de la Euroliga, la Eurocup o la Basketball Champions League, donde demasiadas veces las decisiones no solo se toman por el bien del equipo en cuestión, sino por favores, contactos y amiguismos varios.

La llegada de la NBA a Europa será una revolución total, un terremoto que cambiará para siempre el panorama del baloncesto en el viejo continente. Habrá que ver cómo se estructuran los equipos, cómo se repartirán las franquicias y cómo afectará esto a las competiciones domésticas. Pero una cosa está clara: el nivel subirá y los que no estén preparados para el nuevo estándar quedarán en evidencia. Ojalá se acaben los clubes manejados como fincas privadas, los contratos inflados y las decisiones tomadas en despachos ‘oscuros’. Con la NBA en Europa, o te adaptas a la excelencia o te extingues.

Uno de los mayores beneficios será para los jugadores. Durante años, los mejores talentos europeos han tenido que emigrar a la NBA para desarrollarse en un entorno serio y competitivo. Con una liga NBA en Europa, esa fuga de talento, quizás, se reduciría drásticamente, por lo menos en principio. Los jóvenes no tendrían que abandonar su continente para jugar en la mejor Liga del mundo, porque esa mejor Liga estaría también en Europa. Esto supondría un cambio radical en el desarrollo del talento local, que por fin podría crecer en un contexto de exigencia real.

Por supuesto, los defensores del baloncesto europeo tradicional se opondrán con uñas y dientes. Dirán que la llegada de la NBA, donde según ellos no se defiende, destruirá la identidad del baloncesto europeo, que cambiará el estilo de juego, que romperá las estructuras tradicionales de unas competiciones rígidas, algunas de ellas sin meritocracia. A ellos solo puedo decirles una cosa: adaptarse o morir. El mundo del deporte evoluciona, y el baloncesto europeo necesita este salto para no quedarse obsoleto en muchos aspectos. Quien quiera seguir viendo, en muchas ocasiones, partidos de un dudoso nivel en pabellones anticuados medio vacíos, esto especialmente en la Eurocup y la Basketball Champions League, allá él, está en su derecho. Pero el presente más inmediato del baloncesto está en la NBA, y si eso significa sacudir los cimientos del baloncesto europeo, bienvenido sea. A mí, sinceramente, me da igual. Por ser correcto y no decir otra cosa.

La globalización del basket es imparable. La NBA ya ha puesto un pie en México DF, en Londres, en París…, y ha extendido su influencia a nivel mundial con academias en África, China e India. Pude cubrir a los Dallas Mavericks en Madrid el año pasado y, créanme, es otro nivel. La llegada de una liga NBA a Europa es el paso lógico en esta evolución. Y aunque algunos llorarán la pérdida del viejo modelo, la realidad es que el baloncesto europeo necesita este terremoto para ponerse un poco al día. Si la NBA llega a Europa, todos ganamos. Ganan los aficionados, que podrán disfrutar del mejor baloncesto. Ganan los jugadores, que tendrán mejores condiciones para desarrollar sus carreras. Ganan los clubes, que verán un crecimiento en ingresos y visibilidad. Ganan las ciudades que acojan franquicias NBA, convirtiéndose en epicentros del baloncesto mundial. En definitiva, el baloncesto en su conjunto saldrá fortalecido.

Yo, como defensor acérrimo del baloncesto NBA, solo puedo decir: que llegue ya. El baloncesto europeo lleva demasiado tiempo anclado en el pasado y ha llegado la hora de una limpieza profunda. Con la NBA en Europa, se acaba la farsa de las invitaciones. Se acaba el mamoneo. Se acaba la mediocridad. Llega el futuro en forma de presente más inmediato. Eso sí, donde esté mi querido Club Baloncesto Canarias,  con nuestras cosas buenas y también malas, que de todo hay, que se quite lo demás. También la NBA.