Opinión. Marcelinho Huertas, el último ilusionista

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Por José Luis Hernández – Fotos: ACB Photo-Marc Graupera

La Laguna-Aguere (Tenerife), 12 de marzo de 2025.

Actualizado a las 00.40 GMT

Hay jugadores que trascienden la cancha, que no solo brillan en el parqué, sino que se convierten en símbolos de entrega, pasión y compromiso. Marcelinho Huertas es uno de esos jugadores. A sus casi 42 años, sigue regalándonos actuaciones inolvidables, como si el tiempo no pudiera con él, porque en realidad es así.

No puedo evitar sentir una profunda admiración por lo que hace en la pista, pero también por lo que representa fuera de ella. Es el alma del Canarias, el faro que ilumina a nuestro equipo. Con él al mando, alcanzamos cotas que parecían impensables hace tan solo unas temporadas.

Lo que más me fascina de Marcelinho es su capacidad para seguir reinventándose, para desafiar las leyes naturales del deporte profesional. No hay mayor ejemplo que su última exhibición en el Palau Blaugrana, donde volvió a dejarnos boquiabiertos con 19 puntos, 15 asistencias y 29 de valoración. ¡A esta edad! ¡En este momento de su carrera! Es el único jugador en la historia de la Liga Endesa que ha logrado, después de cumplir 40 años, sumar 10 partidos con 10 o más asistencias. Ningún otro lo ha conseguido ni una sola vez a esa edad. Además, se convirtió en el baloncestista más veterano en repartir 15 asistencias, superándose incluso a sí mismo cuando lo hizo en 2020, con 36 años. ¿Cómo es posible mantener este nivel de excelencia durante tanto tiempo? Solo él lo sabe.

Pero Huertas no es solo números, estadísticas y récords. Su presencia en el Canarias va mucho más allá. Él contagia su espíritu de lucha, su inteligencia en la pista y esa visión de juego que parece sacada de una película, quizás de Hoosiers, protagonizada por el recientemente desaparecido Gene Hackman. ‘Marce’ es capaz de crear espacios donde no los hay, de encontrar al compañero mejor situado cuando todo parece bloqueado, de armar un contraataque en un pestañeo, de lanzar de tres, de repartir asistencias por doquier… La magia de Marcelinho no es solo su talento individual, sino cómo hace mejores a los compañeros que lo rodean.

Sin embargo, lo que realmente me terminó de conquistar es su humildad y cercanía fuera de las pistas. No importa cuán agotador fuera el partido o si la victoria costó más de lo esperado, o incluso si perdimos; siempre tiene tiempo para una sonrisa, firmar autógrafos o posar en decenas de fotos con los aficionados que lo esperan a la salida de cada pabellón que visitan los aurinegros. Soy testigo, en cada uno de mis viajes fuera de nuestras fronteras canarias, de cómo atiende a todos los aficionados que, entusiasmados, esperan su salida para poder compartir un instante con él. Y en el Santiago Martin ¡es el no va más!. El armador canarista es muy consciente del valor de su rol como referente y nunca duda en devolver todo el cariño que recibe. Y, desde mi punto de vista y mi experiencia, esa conexión genuina con la afición es lo que lo ha convertido en un ídolo total.

Marcelinho ‘La Magia’ Huertas representa para este Canarias el baloncesto de lujo, el baloncesto preciosista que define al mejor Canarias del Siglo XXI, algo que ya hizo el legendario Carmelo ‘Mago’ Cabrera en el mejor Canarias del Siglo XX. Así como Cabrera, el mejor aurinegro de todos los tiempos, fue la figura que, en su época, encarnó la grandeza y la excelencia del Club Baloncesto Canarias en los años 80, Huertas es el pilar que ha llevado a la franquicia isleña a nuevas alturas en la actualidad y en el pasado más reciente. Ambos baloncestistas, en sus respectivos momentos, representan para el Canarias, sí el Canarias, algo más que solo baloncesto: son símbolos de dos épocas doradas que marcan un antes y un después para la entidad baloncestista de La Laguna. Mientras que Cabrera fue la magia más absoluta de los aurinegros en los años 80, Marcelinho es la magia del siglo XXI.

El Canarias es un equipo afortunado por contar con el base de Sao Paulo, y nosotros, los integrantes de la Fiebre Amarilla, tenemos el privilegio de vivir en primera persona la última etapa de su carrera. No sabemos cuánto tiempo más podremos disfrutar de su juego, pero mientras siga firmando actuaciones de leyenda y repartiendo sonrisas a la salida del pabellón de turno, seguimos soñando con él. Además ¡le queda un año más de contrato!

Marcelinho, envuelto en un halo de humildad, nos enseña cada jornada que el corazón no entiende de edades y que la pasión puede vencer al tiempo. Tiene esa capacidad infinita de hacernos creer que todo es posible con él en la pista, porque lo que él hace no es solo baloncesto, es pura magia. La de Marcelinho Huertas, el último ilusionista ¡Gracias, un millón!