Por José Luis Hernández – Foto: ACB Photo-David Grau
La Laguna-Aguere (Tenerife), 05 de junio de 2025.
Actualizado a las 15.44 GMT (Canarias)

Lo vi una vez más el miércoles por la noche. Un recital de madurez, de temple y de talento que se clavó en el parqué del Olímpic de Badalona como una bandera. Bruno Fitipaldo, con la frialdad de un cirujano y el corazón de un baloncestista experimentado, curtido en mil batallas, sostuvo y lideró al Canarias en el segundo encuentro del playoff de cuartos de final de la Liga Endesa. Sin Marcelinho Huertas, lesionado, muchos se preguntaban si podríamos competir al más alto nivel. Bruno, simplemente, respondió jugando un partido perfecto. Y aún así, el eco de los de siempre volvió a aparecer. Que si «cómo se nota la ausencia de Huertas», que si «menos mal que Fitipaldo estuvo a la altura». ¿A la altura?. Como si ese fuera su techo. Como si su actuación fuera solo válida en la sombra de ‘La Magia’ Marcelinho.
Estoy harto. Harto de que se valore a Bruno Fitipaldo solo en comparación. Como si su talento solo brillara cuando Marcelinho Huertas no está. Como si no llevase años siendo una pieza fundamental de este equipo, el nuestro. Como si cada triple que mete, cada lectura defensiva que hace, cada momento de calma en medio del caos, no fueran suyos. Como si fueran prestados, como si fueran por accidente. Lo suyo parece que solo cuenta cuando el escenario está vacío. Cuando falta el máximo protagonista de la plantilla lagunera.
En el primer partido del playoff, Marcelinho Huertas, al que admiro enormemente dentro y fuera de la pista, estuvo inmenso. El MVP de la Liga, con todas las letras y en mayúsculas, nos dio una clase magistral de dirección, de anotación, de magia y de experiencia. Nadie lo discute. Nadie lo puede discutir. Porque Marcelinho Huertas es historia viva del Canarias y de esta Liga, su Jugador Más Valioso. Su juego es creativo, arte, y su capacidad para leer el tiempo y el espacio en una cancha, legendaria. Pero eso no significa que el resto no exista. Que el resto no tenga valor. Que Bruno actúe como si fuera su escudero.
Y al día siguiente, cuando el base estrella brasileño no pudo viajar y, por lo tanto, no pudo vestirse, quien cogió las riendas no fue un actor de reparto. Fue un base titular con mayúsculas. Bruno Fitipaldo. El mismo que tantas veces ha aparecido cuando el equipo más lo necesitaba. El mismo que, sin levantar demasiado la voz, ha sido decisivo en partidos clave, en temporadas duras, en momentos calientes. La actuación protagonizada ayer por Bruno Fitipaldo no fue casualidad. Fue carácter. Fue talento. Fue baloncesto.
Y sin embargo, siempre aparece la comparación. Como si Bruno Fitipaldo, para destacar, tuviera que parecerse a Marcelinho. Como si su grandeza necesitara la ausencia para manifestarse. Como si el reconocimiento solo se repartiera en una sola dirección. Y sí, lo digo también por algunos ‘compañeros’ del gremio. Por algunos que parecen incapaces de leer un partido si no está Marcelinho sobre la pista. Como si el baloncesto perdiera interés sin su presencia. Como si no hubiese más juego, más historia, más mérito que contar. Como si lo de Bruno fuera apenas una solución temporal, un buen suplente con suerte. Hay veces que me pregunto si de verdad están viendo el mismo partido que yo.
En la noche de ayer, Fitipaldo no hizo solo un gran partido. Hizo una declaración. De identidad. De jerarquía. De presente. Y no fue la primera vez. Lo ha hecho en finales, en la Copa, en la Liga, en la BCL… Siempre con ese perfil bajo que parece que se le exige a los tipos serenos, a los que no levantan el puño ni gritan a las cámaras. Parece que si no haces aspavientos, no existes. Pero Bruno existe. Y mucho. Es el jugador que también hace mejores a los demás. El que entiende cuándo acelerar y cuándo templar. Al que no se le encoge el brazo. El que no pierde el norte aunque todo a su alrededor se tambalee. Es, y esto hay que decirlo sin miedo, uno de los mejores bases de esta Liga. Con Marcelinho. Y sin Marcelinho.
Me gustaría que algún día, simplemente, le reconocieran sin necesidad de mirar al lado. Sin necesitar la excusa de la baja del gran Marcelinho Huertas para decir lo gran jugador que es Bruno Fitipaldo, al que por cierto, jugar contra la Penya se le da de maravilla. Porque lo es. Porque el Canarias se lo merece. Porque él lo merece. Porque no hay nada más injusto que brillar y que siempre te comparen con el sol. Especialmente cuando tú también eres luz. Y hace tiempo que Bruno alumbra al Canarias con la suya.


























































