Opinión. Aquí no se rinde… ¡ni Dios!

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Por José Luis Hernández.

La Laguna-Aguere (Tenerife), 13 de junio de 2025.

Actualizado a las 20.56 GMT (Canarias)

El Canarias se enfrenta mañana al tercer asalto de las semifinales de la Liga Endesa ante el Valencia Basket, con la serie muy cuesta arriba pero con el orgullo intacto. En el Santiago Martín no hay espacio para la rendición: solo lucha, fe y un escudo que representa a un pueblo entero.

Mañana no solo se juega un partido de baloncesto. Se defiende una historia. Se honra una identidad. Porque cuando el balón suba al aire en el Santiago Martín, no será solo el Canarias quien salte a la cancha. Seremos todos: los que estamos, los que estuvieron y los que vendrán. Serán nuestras ocho islas empujando en la misma dirección. Porque cuando este equipo juega en casa, juega un archipiélago entero.

No soy ingenuo. La situación es difícil, sí, tremendamente complicada. Dos durísimas derrotas en La Fonteta nos colocan contra las cuerdas. Pero ¿desde cuándo eso nos ha frenado? Si algo caracteriza al Canarias es que nunca se esconde, nunca se rinde y nunca baja los brazos. Desde 1939 lo hemos hecho todo a pulmón, con humildad y coraje. No necesitamos que nos regalen nada pero tampoco que nos quiten. Solo queremos que nos dejen pelear. Y mañana toca pelear de lo lindo. Toca salir al parqué con el alma por delante. Con los colores amarillo y negro marcando el pecho como una declaración de principios. El amarillo del sol que nos alumbra con orgullo. El negro de la lava que nos enseñó a resistir desde que el mundo es mundo. Esa es nuestra piel. Ese es nuestro escudo.

Y nuestro escudo no es solo un emblema deportivo. Es la memoria de un pueblo. Es la conexión con nuestros orígenes. Esa es la sangre que corre por las venas del Canarias. Cada rebote, cada defensa, cada triple imposible lleva algo de nuestro legado. Y por eso, aunque el camino sea estrecho y el rival muy poderoso, sigo creyendo. No en milagros, sino en el trabajo, en la lucha, en el juego coral de los nuestros. No miro, ni pienso, al partido cuatro ni cinco, ni siquiera sueño con una hipotética final. Solo pienso en mañana. Porque la vida es hoy y ahora, solo pienso en que tenemos que ganar la posesión del siguiente balón. Pasito a pasito. Juntos, como siempre.

Porque aquí, en La Laguna, en Tenerife y en Canarias, no nos rendimos. Porque este club, este equipo alentado por la Fiebre Amarilla, se crece cuando peor pinta todo. Porque cada vez que el Santiago Martín ruge, lo hace con la fuerza de los volcanes, del mar y de la historia. Y porque aquí no se rinde… ¡ni Dios!