
Por José Luis Hernández – Fotos: Agencia EFE/Biel Aliño
Aguere-La Laguna (Tenerife), 31 de octubre de 2024.
Actualizado a las 00.50 GMT
En circunstancias normales, el deporte tiene la capacidad de unir, de elevar el ánimo de una comunidad y de ser un símbolo de resiliencia. Pero hay momentos en los que la realidad supera cualquier posible beneficio simbólico que el baloncesto, en este caso, pueda ofrecer, y en estos momentos Valencia es un claro ejemplo de ello.
La tragedia de la DANA ha afectado a miles de valencianos, dejando hogares devastados, vehículos bajo el agua y, lo más triste de todo, vidas que lamentablemente se han perdido, amén de las personas que aún permanecen desaparecidas. Ante una catástrofe de tal magnitud, me resulta incomprensible que no se haya aplazado ya el partido entre Valencia Basket y La Laguna Tenerife programado para este próximo domingo en La Fonteta. O los dirigentes de la ACB están en estado de shock, algo que sería un tanto comprensible, o lo que es peor, están actuando como si nada hubiera pasado.
La DANA, antes la conocíamos por Gota Fría, no sólo es un evento meteorológico que deja lluvias intensas y rápidas inundaciones tal y como hemos visto; es también una fuerza de la naturaleza que altera enormemente la vida de las personas, afecta a su rutina diaria y las obliga a enfrentar el dolor y la pérdida.
Estas últimas horas, la provincia de Valencia y algunos otros territorios del estado español, ha vivido esa realidad que supera el peor escenario de ficción de manera intensa, cruel, y la situación, lejos de ser algo que pueda resolverse en cuestión de horas, días o semanas, ha dejado una herida abierta en la comunidad que tardará mucho en cicatrizar. Las autoridades políticas y los responsables de la competición doméstica deberían, por respeto y empatía, decretar de manera inmediata el aplazamiento del encuentro Valencia Basket-La Laguna Tenerife, y no me vengan con la milonga de lo apretado que es el calendario deportivo, mientras se buscan a los desaparecidos, aumentan los fallecidos y muchas personas de bien lo han perdido todo.
Algunos argumentarán que el baloncesto debe continuar, que «la vida sigue», y que eventos o partidos como este pueden ser un alivio emocional para los afectados. ¿En serio? Sin embargo, la teórica disputa del partido entre taronjas y aurinegros no sólo involucra a los baloncestistas y a los propios clubes, sino también a los aficionados que deben trasladarse hasta el pavelló de La Fonteta, a los trabajadores de la instalación, a los servicios de seguridad, a los medios de comunicacion y a todos aquellos que hacen posible que un encuentro de la Liga Endesa se celebre con normalidad, esa normalidad que ahora no existe. Mantener la fecha de este partido vigente, domingo 3 de noviembre, en un momento en el que se siguen buscando a los desaparecidos y en las que la cifra de personas fallecidas sigue aumentando, no aportaría nada positivo a una ciudad que, en estado de shock y con damnificados durmiendo en L’Alquería del Basket, aún no puede ni plantearse el inicio de su recuperación ante una tragedia de tal magnitud. No aplazar el partido, desde mi punto de vista repito, no es sólo imprudente, sino también, en cierto sentido, insensible. No todo se arregla con un minuto de silencio y un crespón negro ¿No les parece? ¿Cómo se le va a pedir a una ciudad de luto que asista a un evento deportivo sin tomar en cuenta las circunstancias que la rodean? Sin enterrar a sus muertos, sin encontrar a todos sus desaparecidos, sin unos días de dolor, sin un ápice de normalidad… me parece imposible.
Además, y siempre desde el punto de vista de este humilde periodista, creo que todos los recursos y esfuerzos de las autoridades, así como de los servicios de emergencia y cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, deben estar enfocados ahora en la atención de las necesidades básicas de la población y en el comienzo de la limpieza de los destrozos. Cada movimiento en la ciudad exige una logística que, en estos momentos, podría verse innecesariamente complicada si el partido se disputa. Valencia necesita tranquilidad y tiempo para procesar lo ocurrido, y el equipo local, Valencia Basket, también debería poder acompañar ese proceso sin la presión de tener que jugar mientras el duelo de la ciudad está todavía en su apogeo.
La empatía y la sensibilidad son valores que el baloncesto debe transmitir. No se trata de cancelar el partido; se trata de aplazarlo hasta que las aguas —literal y figurativamente— vuelvan a su cauce, y la ciudad esté medianamente lista para disfrutarlo con el corazón menos pesado. En este sentido, aplazar el partido no sería una derrota para nadie, más bien una victoria del propio baloncesto y sus valores, una señal de respeto y unión hacia la personas que tanto ha perdido en estas últimas horas.
Para Valencia Basket y Canarias, así como para la Liga Endesa, esta es una oportunidad para demostrar que el baloncesto no es sólo un espectáculo y un negocio, sino un reflejo de la sociedad y sus valores. La decisión de aplazar el partido sería una muestra de solidaridad que la comunidad valenciana sabrá valorar y agradecer. Por ahora, hay cosas más importantes que un simple partido de baloncesto.¿A qué esperan para aplazarlo?
PD: Todo mi cariño para los familiares de los fallecidos así como a todos los damnificados de esta tragedia.


























































