- Hoy no es un día cualquiera para Marcelinho Huertas. El armador brasileño del Canarias celebra su 43º cumpleaños manteniéndose como uno de los grandes referentes del baloncesto europeo, capaz de seguir marcando diferencias al máximo nivel con su talento, su lectura del juego y una forma de entender el baloncesto que continúa enamorando a aficionados y rivales.
Por José Luis Hernández. Fotos: ACB Photo-E. Cobos, M. Pozo y Pol Puertas. Creatividad digital: CB Canarias
La Laguna-Aguere (Tenerife), 25 de mayo de 2026.
Publicado a las 15.35 GMT.

Marcelinho Huertas cumple 43 años y continúa moviéndose sobre la pista con una naturalidad que desafía al calendario. Mientras el baloncesto acelera cada temporada un poco más, el armador brasileño sigue encontrando espacios donde otros solo ven ruido. Juega a otro ritmo. Al suyo. Como esos jugadores experimentados capaces de convertir la pausa en ventaja y un simple pase en una pequeña pieza de ingeniería.
En una época marcada por la velocidad y el físico, Huertas permanece como una rara avis. Máximo asistente histórico de la Liga Endesa, líder competitivo de CB Canarias y extensión de Txus Vidorreta dentro de la cancha, el paulista sigue guiando al conjunto aurinegro entre los mejores equipos de la ACB y de la Basketball Champions League. Y lo hace como si el tiempo todavía no hubiera encontrado la manera de alcanzarlo.
Nada de eso aparece por casualidad. Tras su regreso de la NBA en 2017 para fichar por Baskonia, Huertas decidió comenzar un cambio de hábitos orientado al cuidado del cuerpo. Apostó por una dieta casi vegana, incorporó el yoga y la meditación a su rutina y transformó la preparación física en una inversión de futuro. Un trabajo silencioso, lejos de los focos, que le ha permitido sostener el rendimiento y convivir con la élite cuando muchos contemporáneos ya observan el juego desde el sofá de su casa.
Pero hay algo que continúa explicando mejor que cualquier estadística la vigencia del brasileño: su relación con el baloncesto. Huertas sigue jugando con la alegría de quien todavía siente que este deporte le está regalando algo. Y quizá por eso, a los 43 años, continúa haciendo disfrutar al juego casi tanto como el juego disfruta de él.



























































