Por José Luis Hernández. Fotos: ACB Photo-E. Cobos.
La Laguna-Aguere (Tenerife), 14 de junio de 2026.
Publicado a las 16.11 GMT
Hay derrotas que duelen. Y hay derrotas que, pese a la tristeza del momento, dejan paso casi de inmediato a otro sentimiento mucho más poderoso: el agradecimiento. Eso fue exactamente lo que ocurrió ayer en el Santiago Martín.
Mientras el Barça celebraba su clasificación para la final de la Liga Endesa, miles de aficionados aurinegros se pusieron en pie para despedir a los nuestros con una larga y sentida ovación. No era un aplauso por un partido. Ni siquiera por una eliminatoria. Era el reconocimiento a una temporada entera de esfuerzo, compromiso, ilusión y orgullo. Era, sencillamente, un gracias por tanto.
Porque cuando pasen los días y la decepción lógica de la eliminación vaya dejando espacio a la reflexión, quedará una realidad imposible de ignorar. El Canarias, nuestro querido Canarias, ha vuelto a firmar una campaña sobresaliente. Una de esas temporadas que ayudan a entender por qué este club se ha ganado un lugar de privilegio en el baloncesto español y europeo.
Ha sido el curso de una nueva participación en la Supercopa Endesa. El de la décima clasificación consecutiva para la Copa del Rey. El de otra presencia en una Final Four de la Basketball Champions League. El de unas nuevas semifinales de la Liga Endesa, las segundas consecutivas y las terceras en los últimos seis años, el de la eliminación del Real Madrid en cuartos de final…
Dicho así parece sencillo. Como si fuera algo habitual. Como si llegar tan lejos cada temporada fuera una obligación. Pero no lo es. Nada de esto es normal. No es normal que un club como el nuestro, con su grandeza pero también con sus limitaciones, compita año tras año contra presupuestos muy superiores. No es normal mantenerse durante tanto tiempo entre la élite. No es normal mirar de frente a gigantes construidos con muchos más recursos económicos, algunos al amparo del fútbol. Y, sin embargo, este equipo lo ha vuelto a hacer. Lo hizo además en una temporada marcada por las dificultades. Hubo lesiones importantes. Hubo momentos complicados. Hubo desgaste físico y mental. Hubo partidos imposibles en calendarios imposibles. Y viajes, muchos viajes. Y aun así, el grupo nunca dejó de competir.
Quizá por eso una de las imágenes que permanecerán en la memoria colectiva sea la eliminación del Real Madrid en el playoff. Una serie para el recuerdo. Una demostración más de que este equipo nunca se rinde, nunca se esconde y nunca deja de creer. También ha sido una temporada de nombres propios. La de un Gio Shermadini que siguió agrandando su leyenda. La de Tim Abromaitis, ejemplo permanente de profesionalidad y compromiso. La de un Marcelinho Huertas que volvió a desafiar el paso del tiempo. La de Joan Sastre, Aaron Doornekamp, Fran Guerra, Jaime Fernández, Bruno Fitipaldo, Wes Van Beck, Thomas Scrubb, Rokas Giedraitis, Héctor Alderete, Kostas Kostadinov, Lluís Costa y tantos otros jugadores, estos de Liga U como López, Sangare o Bordón, que han contribuido a sostener la identidad competitiva de este proyecto. La de Kevin Yebo, Elvar Fridriksson y Patty Mills, menudo crack dentro y fuera de la pista es el australiano, que llegaron para sumar y entendieron rápidamente qué significa defender esta camiseta.
Y también la de una afición, la eterna Fiebre Amarilla, que volvió a estar a la altura. Que acompañó al equipo en los buenos momentos y en los difíciles. Que llenó el Santiago Martín. Que creyó. Que empujó. Que volvió a sentirse orgullosa de los suyos y que se desplazó fuera de las islas.
Ahora llegará el tiempo de los balances. El tiempo de las renovaciones, de los jugadores con contrato, de quienes terminan vinculación y de quienes podrían emprender nuevos caminos. Los rumores llevan semanas ocupando conversaciones, también respecto al cuerpo técnico, y seguirán haciéndolo durante las próximas semanas, quizá meses. Habrá debates, especulaciones, despedidas y nuevas ilusiones.
Pero no hoy. Hoy toca detenerse un instante para reconocer lo conseguido. Porque más allá de lo que ocurra en las próximas semanas, nadie podrá borrar lo que esta plantilla ha sido capaz de construir durante la temporada 2025-26. Nadie podrá quitarle al canarismo las emociones vividas, las victorias celebradas, las noches europeas, las remontadas imposibles, los récords alcanzados y el orgullo compartido.
Las plantillas cambian, más o menos, antes o después pero cambian. Los jugadores van y vienen. Los entrenadores también. Las temporadas terminan. Los recuerdos permanecen. Y esta ha sido una temporada que merece ser recordada. Por todo ello, y más allá de cualquier resultado, solo queda decir una cosa. Gracias por tanto.

























































