Fran Guerra, El Último Mencey

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  • El jugador grancanario del Canarias brilló sobre el parqué del Gran Canaria Arena.

Por José Luis Hernández – Fotos: ACB Photo-David Grau

Las Palmas de Gran Canaria, 14 de febrero de 2025.

Actualizado a las 15.09 GMT

El parqué de Gran Canaria se convirtió anoche en el escenario de una gesta inolvidable. En un duelo vibrante, donde la épica y el talento se entrelazaron, el Barça sucumbió ante el ímpetu de La Laguna Tenerife (91-86). Allí, Marcelinho Huertas, con la maestría de quien escribe un renglón de la historia del baloncesto ACB con cada pase, firmó una actuación legendaria. Pero no sólo fue Marce. En la primera batalla aurinegra, Fran Guerra, El Último Mencey, también comandó a los laguneros en una victoria que ya pertenece a la memoria colectiva de la Fiebre Amarilla.

En la mágica noche de ayer, por enésima vez Marcelinho Huertas decidió desafiar al tiempo y esculpir su nombre, una vez más, en la historia del baloncesto español. Ante el Barça de Peñarroya, el veterano base brasileño no solo demostró que la edad es sólo un número, sino que lo convirtió en un símbolo de su grandeza. Con cada pase, con cada canasta, escribió un capítulo dorado en el torneo del K.O y en la del propio CB Canarias. Huertas, convertido en el jugador de mayor edad en disputar la Copa del Rey, no se conformó con ese honor. Su ambición lo llevó a irrumpir en el olimpo de los anotadores, alcanzando el Top-10 histórico del torneo. Pero su obra maestra no terminó ahí: con 22 puntos en apenas 27 minutos y una valoración de 30 créditos, firmó su mejor actuación personal en el torneo copero. No fue solo una exhibición estadística, sino una sinfonía de talento y liderazgo que quedará grabada en la memoria de quienes fueron testigos de su hazaña.

Pero si Marcelinho Huertas fue el arquitecto de la hazaña, El Último Mencey, Fran Guerra, fue su brazo ejecutor en la zona. Más allá del genio del base brasileño, la victoria de La Laguna Tenerife tuvo un pilar imponente en la pintura. En el último cuarto, cuando el partido exigía temple y determinación, el pívot canarista se alzó como un coloso, leyendo el juego con la lucidez de los grandes y sometiendo a la defensa rival con su dominio absoluto bajo los aros.

Guerra, internacional con el equipo nacional español en varias ventanas FIBA, atraviesa el mejor momento de su carrera. Sus 2,14 metros no son sólo una ventaja física, sino la extensión de una inteligencia táctica que le permite castigar defensas y desequilibrar encuentros. Esta temporada, sus números reflejan su crecimiento: con una media de 10,7 puntos por partido, El Último Mencey, se ha convertido en una de las piezas clave del Canarias. En Gran Canaria, la isla que lo vio nacer y ante un Barça de altos vuelos, escribió otra página dorada en su ascendente trayectoria, entregando a la Fiebre Amarilla una victoria con el sello de su dominio implacable.

Fran Guerra se convirtió en una pesadilla recurrente para la defensa blaugrana. Joan Peñarroya, buscando mayor velocidad y dinamismo en su juego, decidió prescindir de la envergadura de Fall y del ex NBA Willy Hernangómez en la segunda mitad, apostando por un quinteto más bajo. Pero aquella estrategia terminó siendo una invitación para el bueno de Fran, que vio venir la oportunidad y la convirtió en su mejor arma. En un duelo donde la intensidad crecía con cada minuto, Guerra se hizo dueño del partido, castigando una y otra vez las permutas defensivas de los catalanes.

Si Marcelinho Huertas fue el director de orquesta, Guerra fue su mejor solista, ejecutando cada acción con precisión quirúrgica. Con movimientos pulidos en el poste bajo, el ’35’ de La Laguna Tenerife bailó en la zona, desarmando la defensa rival y dejando su sello en el parqué del recinto deportivo palmense. No se limitó sólo a anotar, sino que ejerció de faro ofensivo, moldeando el ataque de su equipo a su antojo. Sus 14 puntos fueron solo una parte de su exhibición. Repartió seis asistencias con la visión de un Carmelo Cabrera del siglo XXI, capturó cinco rebotes clave y robó dos balones con una intensidad defensiva, a lo Germán González, que dejó sin respuestas al todopoderoso Barça. Además, forzó hasta cinco faltas personales, dejando claro que su impacto iba mucho más allá de las estadísticas. Cuando sonó la bocina final, Fran Guerra se erigió como el jugador más valorado del encuentro, alcanzando los 31 créditos de valoración y consolidando su papel como uno de los hombres más determinantes de la Copa. Fran Guerra, El Último Mencey, marcó el territorio del éxito en el menceyato aurinegro.