La Laguna Tenerife-Galatasaray, duelo de gigantes en el templo de los dioses

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  • En Atenas,  La Laguna Tenerife se mide al Galatasaray por un puesto en la gran final.

Por José Luis Hernández – Fotos: BCL Photo

Atenas, Grecia  09 de mayo de 2025.

Actualizado a las 05.52 hora local / 03.52 GMT (Canarias)

Atenas es un símbolo, una de la épica, de los dioses y de las gestas imposibles. En el día de hoy, la capital griega vuelve a vestirse de historia para recibir una batalla moderna, aunque no menos heroica. En el Sunel Arena (Sunel Arena, 16:00 hora canaria | SuperBasket Canarias Radio en directo) , La Laguna Tenerife se asoma al umbral de su quinta final continental, una cita que no es una más, sino el reflejo de un sueño, el aurinegro, que ha sabido resistir al tiempo y a la adversidad.

El rival de los laguneros no podría tener un perfil más imponente: Galatasaray, gigante del baloncesto turco, laureado, respetado y temido. Un equipo con músculo y con memoria. Una de esas escuadras que saben lo que significa mirar de frente a la presión. Pero, obviamente, los tinerfeños no están aquí para inclinar la cabeza. Han llegado hasta Atenas para presentar la mayor de las batallas, como ya lo han hecho tantas veces en los últimos años, siempre con ese aire de equipo modesto que se disfraza de gigante cuando más lo necesita.

La ciudad eterna los espera, y con ellos, más de 200 integrantes de la Fiebre Amarilla desplazados desde Canarias. No son solo aficionados: son parte del alma del equipo. Porque el Canarias no se entiende sin su gente, sin esa comunión que convierte cada partido en una causa colectiva. Viajan con esperanza, con los nervios en el estómago y la ilusión intacta. Saben que los suyos han vuelto a las puertas de algo grande. Pero llegar no basta. La batalla apenas comienza.

Los baloncestistas entrenados por Txus Vidorreta conocen el camino, pero también las piedras. La baja de Fran Guerra es una losa ya asumida, pero no menos pesada. A eso se suman las dudas que aún rodean a Joan Sastre, inédito en los últimos encuentros por una lesión en el pulgar, y David Krämer, que no pudo estar en Girona por molestias en la rodilla. La salud física, como tantas veces en el deporte, puede ser la diferencia entre la épica y el desencanto. Y aún así, el conjunto aurinegro no se entrega al lamento. Su identidad se ha forjado, desde su fundación en 1939, en la adversidad: la defensa como escudo, el juego coral como bandera y la inteligencia táctica como brújula. Esas son las armas con las que intentarán doblegar a un Galatasaray potente, veloz y cargado de recursos. Su entrenador, Yacup Sekizkök, ha construido un equipo de múltiples caras: seis jugadores estadounidenses, más una colección de talentos internacionales que incluye al letón Roberts Blumbergs, el dominicano Ángel Delgado y el nigeriano Ebuka Izundu.

Y entre tanta importación, los turcos también cuentan con un núcleo nacional sólido: Ahmet Tuncer, fiable y certero; el veterano Goksenin Koksal, pura experiencia; y Sadik Kabaca, un ala-pívot que ya ha sido reclutado por los San Antonio Spurs, signo inequívoco de su talento.

En los números, el Galatasaray asusta: tercero en rebotes de toda la BCL (40,8 de media), quinto en valoración colectiva (85,8 créditos) y con un balance de 12 victorias en 17 encuentros. Su pase a la Final Four fue rápido y sin contemplaciones. Además, su última jornada liguera se adelantó, permitiéndoles llegar más descansados al duelo de Atenas. Todo indica que están preparados. Pero el invicto Canarias también lo está y el Canarias, es mucho Canarias.

Porque más allá de las estadísticas, del cansancio o las bajas, hay una energía que no se mide en cifras: la fe. Esa que ha acompañado al equipo canarista durante toda la temporada, en cada pista. Un equipo al que nadie quiere cruzarse, especialmente en los meses de abril y mayo. Porque entonces ya no juegan doce: juegan todos. Desde el primero que salta a pista hasta el último que grita desde el banquillo. Desde el entrenador que mide cada segundo, hasta el aficionado que vibra desde el propio pabellón o detrás de pantalla.

Será un partido de detalles. De resistencia. De carácter. Un duelo de voluntades donde igualar la intensidad será una obligación, y el acierto desde fuera, una necesidad. Pero sobre todo, será una prueba de fortaleza mental. La semifinal exige sangre fría, corazón caliente y una cabeza que piense más rápido que el rival. En esos márgenes tan estrechos se construyen las leyendas. Y eso es lo que está en juego: ser leyenda, otra vez. Volver a una final, plantarse de nuevo en la cumbre del baloncesto FIBA. No para presumir, que también, sino para demostrar que se puede soñar desde una isla, que la constancia vence al presupuesto, que el baloncesto también es poesía cuando se juega con alma.

Esta tarde, La Laguna Tenerife no juega solo un partido. Se mide, una vez más, a la historia. Y lo hace, como siempre, con la cabeza alta y el corazón dispuesto.