Por José Luis Hernández– Fotos: ACB Photo-E. Cobos
La Laguna-Aguere (Tenerife), 03 de enero de 2025.
Actualizado a las 14.47 GMT

Siempre he creído que el deporte debe ser, ante todo, un ejemplo de justicia y respeto por las normas. Por eso, cuando estando en Valencia vi que nuestro equipo firmaba el acta del partido Valencia Basket-La Laguna Tenerife bajo protesta,, no pude evitar sentir una mezcla de indignación y alegría, visto lo visto. Estamos hablando de algo que trasciende de la cancha, de la integridad de una competición y de cómo se manejan las reglas que todos han acordado respetar.
El caso es claro. Durante el encuentro, el Valencia Basket alineó de forma indebida a Amida Brimah, que ya había disputado la Jornada 6 de la Liga Endesa con el Baxi Manresa. Ante esta situación, el Canarias hizo lo que cualquier equipo con principios y conocimiento de las normas habría hecho: firmar el acta bajo protesta, como les dije anteriormente. Es un gesto que no sólo demuestra profesionalidad, sino también confianza en que las reglas de la Liga, las mismas que rigen para todos, serían aplicadas correctamente.
La normativa de la ACB, en este caso, parece estar del lado del equipo canarista. El reglamento es explícito: la alineación indebida es una falta grave y debe ser sancionada. No hay espacio para interpretaciones ambiguas o para la omisión deliberada. Sin embargo, aquí estamos, más de veinte días después, esperando a que el Juez Único de la ACB se pronuncie sobre algo que, según las reglas, debería haberse resuelto casi de forma automática.
Me pregunto qué mensaje está enviando la ACB con esta demora. ¿Que las reglas son flexibles dependiendo del equipo que esté involucrado? ¿Que el peso de la normativa depende de quién la haya incumplido? Porque, seamos honestos, la percepción que queda es exactamente esa. Y no puedo evitar pensar en cómo este tipo de situaciones afectan no solo al Canarias, que ya debería sumar una victoria más en la clasificación, sino al baloncesto en el estado español en general.
El Canarias no está pidiendo favores, ni exigiendo nada fuera de lugar. Sólo quiere lo que le corresponde según el reglamento. Y este no es un caso menor o un tecnicismo sin importancia. Es una cuestión de justicia deportiva. Si permitimos que algo así pase sin consecuencias, ¿dónde trazamos la línea? ¿Qué impide que en el futuro otros equipos ignoren las reglas sabiendo que no habrán consecuencias inmediatas?
Hay quien puede pensar que esta es solo una ‘pelea’ entre dos clubes, una anécdota más en el competitivo mundo de la Liga Endesa. Pero no lo es. Esto va mucho más allá. ‘Putodefender’ al Canarias en este caso es defender el baloncesto como un deporte en el que las normas importan, en el que la integridad está por encima de cualquier interés particular.
Los aficionados del Canarias, y del baloncesto en general, merecen una respuesta clara y contundente, además de rápida. Porque este no es un tema que solo interese a los que seguimos al equipo aurinegro. Cualquier amante del basket debería estar preocupado por lo que está ocurriendo. Cuando permitimos que las normas se ignoren o se diluyan en el tiempo, estamos erosionando la credibilidad de todo el sistema.
La ACB tiene la responsabilidad de pronunciarse y hacerlo con celeridad. No solo por respeto al Canarias, sino por respeto a todos los equipos y aficionados que creen en una competición justa. Cada día que pasa sin una decisión es un día en el que la confianza en la Liga se debilita.
Como aficionado del Canarias, amén de periodista, no puedo quedarme callado. Porque el baloncesto, como cualquier deporte, no solo se juega en la cancha. También se juega en los despachos, en las decisiones que toman los que tienen el poder, en la forma en que se aplica la justicia. Y si los que estamos fuera no alzamos la voz, corremos el riesgo de que el ruido de la indiferencia lo tape todo.
Por eso, ‘Putodefender’, que diría más de uno, al Canarias no es solo un grito de apoyo a nuestro equipo. Es un grito de apoyo a lo que debería ser el baloncesto: un deporte donde las reglas importan, donde el esfuerzo y el respeto por la normativa es lo que realmente marca la diferencia. A día de hoy, seguimos esperando. Pero mientras tanto, aquí estamos, defendiendo lo que es justo. Porque el silencio nunca será una opción.



























































