- Un instante mágico que une a Marcelinho Huertas con Carmelo Cabrera y revive la memoria aurinegra.
Por José Luis Hernández. Fotos: ACB Photo-Alberto Nevado
Aguere-La Laguna (Tenerife), 24 de septiembre de 2025.
Actualizado a las 14.07 GMT.
Tuve la suerte de vivirlo en primera persona: la época de Carmelo “Mago” Cabrera y, ahora, la de Marcelinho “La Magia” Huertas. Ayer, en la presentación de la Liga Endesa, ese recuerdo se hizo tangible cuando Huertas se enfundó la camiseta histórica de Cabrera, la última que vistió en la temporada 1987-88 antes de retirarse. No era solo una prenda; era un hilo que unía dos generaciones, dos formas de vivir y sentir el deporte de la canasta en el primer equipo del Club Baloncesto Canarias. En ese instante, Huertas se puso la camiseta de Cabrera y el tiempo se detuvo, como si décadas de historia y emoción aurinegra se condensaran en un solo gesto.
Puedo recordar las gradas del pabellón Juan Ríos Tejera llenas de emoción, así como las del Luther King, el eco del balón botando, los aplausos y gritos durante los partidos de nuestro querido Canarias. Cada canasta y cada asistencia imposible de “El Mago” era un motivo de orgullo, una demostración de que el Canarias podía brillar en la élite. Y ayer, al ver a “La Magia” Huertas con esa misma camiseta, sentí que esa emoción se repetía con la misma intensidad, pero en el presente.
Cada arruga de la camiseta amarilla y negra del Cajacanarias contaba una historia que yo había vivido y que ahora se prolonga. Era como tocar el tiempo, sentir la continuidad de un legado que no se pierde, que se transmite y que sigue emocionando. Dos magos separados por décadas, unidos por un mismo espíritu: el amor por el baloncesto, el amor por el Canarias.
Para mí, este gesto simboliza algo muy profundo: no es solo nostalgia, sino la prueba de que la historia puede cobrar vida, de que los héroes de ayer inspiran a los de hoy y de que la pasión por nuestros colores no tiene fecha de caducidad. Ver a Marcelinho Huertas con la camiseta de Carmelo Cabrera, al que yo apodé El Globetrotter Blanco al publicar mi primer libro de literatura deportiva, no fue solo un momento simbólico; fue un instante que hizo latir de nuevo recuerdos aurinegros que parecían lejanos y que sigue inspirando a todos los que vivimos estas dos épocas.
En La Laguna, en Tenerife y en Canarias, el baloncesto no es solo un deporte: es identidad, memoria y magia. Porque cuando ‘La Magia’ y ‘El Mago’ se encuentran, no solo honramos nuestra historia: confirmamos que el baloncesto aurinegro seguirá latiendo con fuerza en cada nueva generación.




























































