- Los laguneros ceden antes los actuales campeones de la Liga Endesa en un mal tercer acto.
Por José Luis Hernández – Foto: ACB Photo-E. Cobos y Víctor Carretero.
Madrid, 13 de enero de 2025.
Actualizado a las 23.39 GMT

El sueño de asaltar el ahora Movistar Arena se desvaneció en el tercer cuarto. La Laguna Tenerife cayó derrotado ayer domingo ante el vigente campeón de la Liga Endesa, un Real Madrid intratable que supo aprovechar el colapso isleño tras el descanso para encarrilar un triunfo trabajado (96-86). Los baloncestistas dirigidos por Txus Vidorreta, que habían firmado una puesta en escena ilusionante, vieron cómo un parcial de 17-2 en el tercer periodo dinamitó sus opciones y les dejó a merced de un rival que no conoce la derrota en casa esta temporada (9-0 en la Liga Endesa) y que acumula una racha formidable, con diez victorias en los últimos once partidos.
El inicio prometía para los tinerfeños, que plantaron cara con intensidad y acierto, demostrando por qué ocupan la parte alta de la tabla y está rubricando otra temporada espectacular. Bien organizados en defensa y con un ataque ordenado, lograron mantenerse a la altura de un Real Madrid que tardó en encontrar su ritmo habitual. Sin embargo, el retorno de los vestuarios marcó un antes y un después en el encuentro.
El conjunto canario se apagó, y colapsó, en el tercer cuarto, víctima de un vendaval blanco liderado por Mario Hezonja y Serge Ibaka, que hicieron estragos en la defensa aurinegra. Los de Aguere, desconectados y sin respuestas claras, encajaron un parcial devastador que disparó a los merengues en el marcador, llegando a verse 21 puntos abajo (79-58, minuto 30). Fue un golpe del que, pese a sus intentos, ya no pudieron recuperarse. Aun así, el Canarias no dejó de pelear. En el último cuarto, los hombres de Vidorreta mostraron orgullo y carácter, reduciendo la desventaja y ofreciendo una imagen más sólida en el tramo final. Aunque su esfuerzo no fue suficiente para inquietar de nuevo a los madrileños, el equipo logró maquillar el marcador hasta el definitivo 96-86.
A nivel clasificatorio, la derrota deja un sabor agridulce. El -10 final permite a los laguneros mantener la cuarta plaza, con un basketaverage apenas superior al del Joventut de Badalona, que les pisa los talones con el mismo balance de triunfos y derrotas (11-5). Esta situación deja abierta la posibilidad de acabar entre los cuatro primeros al término de la primera vuelta, lo que garantizaría su condición de cabeza de serie en la próxima Copa del Rey que se celebrará en la isla hermana de Gran Canaria, una competición para la que ya aseguraron su participación la semana pasada por novena temporada consecutiva.
Pese al tropiezo, La Laguna Tenerife sale de la capital del estado español con aprendizajes y la certeza de que, aunque aún queda camino por recorrer, su ambición y espíritu competitivo siguen siendo inquebrantables, incluso frente a los colosos del baloncesto europeo.
El encuentro comenzó con un notable despliegue de solvencia por parte de los aurinegros, que cimentaron su juego en una defensa férrea y un movimiento de balón preciso y ordenado. Con inteligencia para abrir espacios y una capacidad quirúrgica para seleccionar sus tiros, La Laguna Tenerife tomó las riendas del marcador desde los primeros compases. Su acierto desde la larga distancia, con un prometedor 3/4 en triples, se tradujo en un arranque fulgurante que silenció momentáneamente el ex WiZink Center (2-9, 4-12).
El Real Madrid, desconcertado por la claridad de ideas de la escuadra canarista, encontró un resquicio para responder en las incisivas penetraciones de Facundo Campazzo. Sin embargo, los hombres entrenados por Txus Vidorreta se mantuvieron fieles a su estilo, mostrando la personalidad que los ha consolidado entre los mejores de la competición. Llegaron incluso a amenazar con abrir una brecha considerable (9-18, minuto 9), en un tramo donde cada acción reflejaba la confianza con la que habían saltado a la cancha.
No obstante, algunos errores puntuales comenzaron a empañar el brillante inicio canarista. Varias pérdidas innecesarias y segundas oportunidades concedidas en el rebote defensivo permitieron al Real Madrid tomar oxígeno. Fueron Mario Hezonja y Dzanan Musa quienes capitalizaron estos descuidos para mantener a los locales a flote y reducir la distancia en el marcador (17-20, min. 11). A pesar de ello, el conjunto amarillo y negro no perdió el hilo de su plan de juego. Con el liderazgo de un inspirado David Krämer, quien sumaba un letal 3/4 desde el perímetro al término del primer tiempo, y las aportaciones clave de Bruno Fitipaldo y Thomas Scrubb, los fundados en 1939 siguieron imponiendo su ritmo. La ventaja volvió a ampliarse (28-35), un reflejo de su disciplina táctica y su buena lectura ofensiva. Sin embargo, la resistencia madrileña no tardó en endurecerse.
Con el paso de los minutos, el Real Madrid comenzó a activar su maquinaria defensiva. el ex NBA Serge Ibaka emergió como un pilar fundamental, liderando un parcial de 8-0 que marcó el inicio de la remontada blanca. La intensidad de los baloncestistas de Chus Mateo se tradujo no solo en frenar los ataques canarios, sino también en una mejora significativa en sus porcentajes de tiro. La presión dio sus frutos y, al filo del descanso, la balanza terminó por inclinarse del lado local.
El punto culminante llegó en los segundos finales del segundo cuarto. Sergio Llull, con una de sus icónicas ‘mandarinas’, convirtió un triple sobre la bocina que desató la euforia en el Movistar Arena y envió al Real Madrid a los vestuarios con una ventaja mínima pero significativa (45-42). El golpe emocional sirvió para reafirmar la condición de favorito de los blancos ante los aurinegros, aunque los tinerfeños demostraron en ese primer acto que su temple y calidad les harían pelear hasta el final.










































































