- El querido jugador tinerfeño perdió la vida tras un trágico accidente en su propio hogar.

Por José Luis Hernández – Fotos: Archivo
La Laguna-Aguere (Tenerife), 28 de abril de 2025.
Actualizado a las 22.05 GMT

El 28 de abril de 2008, una sombra inesperada se abatió sobre el baloncesto canario. Aquel día, la noticia de la muerte de Airam Higuera dejó congelado el pulso de todos los que alguna vez compartieron con él una cancha, una grada o una ovación. Apenas contaba 24 años cuando un trágico accidente doméstico segó de forma abrupta una vida cargada de futuro.
Conocido en el mundillo del baloncesto como ‘Farru’, su apodo evocaba cercanía, cariño, una de esas figuras que el deporte local adopta como propias. Desde niño, Farru se había forjado en las categorías inferiores del Club Baloncesto Canarias, creciendo entre balones y sueños bajo los focos del pabellón Juan Ríos Tejera de La Laguna. Su constancia lo llevó a formar parte de la primera plantilla aurinegra, entonces conocida comercialmente como Socas Canarias Ciudad de La Laguna, militante en la LEB-II. tercera categoría del baloncesto estatal, con la que vivió la alegría inolvidable del ascenso a la Liga LEB Oro.
En la temporada en que su luz se apagó, Airam había optado por recorrer nuevos caminos. Buscó su sitio en la Liga EBA, primero enrolándose en el CB Sarriá Río Calcio, en tierras gallegas, y después regresando a Tenerife, donde se sumó al Quintercon Tacoronte, aún con la plantilla ya cerrada. Su pasión por el baloncesto le llevó finalmente al Juventud Laguna, en la Primera División Autonómica, bajo las órdenes de un viejo conocido, José Carlos Hernández Rizo.
La noticia de su muerte no solo conmocionó al entorno de sus equipos, sino que dejó una herida abierta en el baloncesto isleño, un vacío difícil de llenar. Airam Higuera, el joven de sonrisa franca y juego entusiasta, se quedó para siempre en la memoria de quienes le vieron crecer y pelear en cada partido.
Hoy, 17 años después de su partida, su recuerdo late aún en cada balón que bota en La Laguna. Farru no es solo una ausencia; es también una promesa eterna, un nombre que el baloncesto canario guarda con cariño en su historia más íntima.



























































