Por José Luis Hernández. Fotos: ACB-David Grau.
La Laguna-Aguere (Tenerife), 12 de junio de 2026.
Publicado a las 15.132 GMT
Dos partidos. Dos derrotas. Un 2-0 en contra. El Barça ha cumplido con su papel de favorito en el Palau y está a una victoria de la final. Pero las semifinales aún no han terminado. Ni mucho menos. Porque si algo ha enseñado el Canarias a lo largo de los años es que nunca conviene escribir su epitafio antes de tiempo.
Este equipo ha sobrevivido a lesiones, a plantillas más poderosas, a presupuestos imposibles y a pronósticos que siempre parecían escritos de antemano. También escuchó que no tenía opciones contra el Real Madrid. Y, sin embargo, acabó derribando al gigante blanco, y futbolero, en su propia casa. Por eso, que nadie nos dé por muertos. Ahora la serie viaja a Tenerife. Ahora llega Aguere, ahora llega la batalla de La Laguna.
El Santiago Martín volverá a vestirse de amarillo y negro para empujar a un grupo de jugadores que se ha ganado el derecho a seguir soñando. Un equipo que ha construido su identidad sobre el sacrificio, la valentía y la capacidad de levantarse cada vez que recibe un golpe. El Barça sigue siendo favorito. Casi nadie lo discute. Tiene una plantilla extraordinaria y una ventaja importante en la eliminatoria. Pero los playoffs no se ganan con estadísticas. Se ganan compitiendo. Se ganan creyendo. Se ganan resistiendo.
Y en eso pocos equipos pueden mirar por encima del hombro al Canarias. Este sábado no solo se disputa un tercer partido. Se juega la posibilidad de prolongar la serie. Se juega la oportunidad de devolver, un poco, la presión al lado azulgrana. Se juega la defensa del territorio aurinegro. Porque La Laguna nunca ha sido una tierra de rendición. La Laguna es memoria. Es orgullo. Es identidad. Y en esta ocasión, los guerreros guanches volverán a liderar la batalla. Lo harán guiados por la magia de Marcelinho Huertas, por el compromiso de Tim Abromaitis, por el carácter competitivo de Aaron Doornekamp, por el descaro de Patty Mills… y por el espíritu colectivo de una plantilla que lleva años desafiando la lógica del baloncesto moderno.
La historia reciente de este club demuestra que las mayores gestas suelen llegar cuando más difícil parece el desafío. Por eso, antes de dar por acabada esta semifinal, conviene recordar lo ocurrido en Madrid. Conviene recordar quién es este equipo. Conviene recordar que este escudo y estos benditos colores, amarillo y negro, han aprendido a crecer en la dificultad. Y conviene recordar que mientras exista una posibilidad, por pequeña que sea, el Canarias seguirá peleando.
Porque la batalla de Aguere está a punto de comenzar. Y los aurinegros todavía no han pronunciado su última palabra. ¡Vamos Canarias!

























































