Opinión. La noche que el Canarias me recordó a los Warriors de Don Nelson

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Tom Tolbert / NBA Photo.
  • Sin gigantes, el Canarias encontró en la adversidad una vieja receta del baloncesto moderno: correr, abrir la pista y competir desde la inteligencia.

Por José Luis Hernández. Fotos: NBA.

Micula Noua (Rumanía), 03 de junio de 2026.

Publicado a las 10.55 GMT.

Don Nelson /NBA Photo

Confieso que mientras veía el partido de este martes desde la lejana Rumanía, no dejaba de viajar mentalmente a otra época. A aquellos Golden State Warriors de finales de los 80 y principios de los 90 que entrenaba Don Nelson, seguramente uno de los grandes adelantados tácticos de la historia del baloncesto moderno.

Sí, ya sé que comparar a aquellos Warriors del “Run TMC” con La Laguna Tenerife puede sonar raro. Pero hubo momentos del encuentro en los que el Canarias, obligado por las circunstancias, me transportó directamente a aquel baloncesto de quintetos bajos, espacios abiertos y soluciones imaginativas lejos del modelo tradicional.

Y todo nació desde la necesidad. Porque Txus Vidorreta perdió prácticamente toda su estructura interior habitual. Sin Gio Shermadini y sin Fran Guerra, el equipo tuvo que reinventarse sobre la marcha. De repente, Kevin Jebo aparecía como la referencia física más cercana a un interior puro. Y ni siquiera Jebo responde exactamente al perfil clásico de pívot dominante que tantas veces ha sostenido el juego del Canarias en los últimos años. Es un “cuatro y medio”, un jugador móvil, dinámico, con energía para correr y cambiar, pero no un cinco de los de toda la vida.

Ahí fue cuando empecé a acordarme de Don Nelson. Aquellos Warriors revolucionaron muchas cosas antes de tiempo. Mientras la NBA seguía obsesionada con los grandes pívots, Nelson decidió abrir la pista, acelerar el juego y colocar muchas veces a jugadores pequeños o híbridos en posiciones interiores. Incluso Tom Tolbert, al que muchos aficionados aurinegros recuerdan perfectamente por su paso anterior por nuestro querido Canarias, terminaba actuando como falso pívot en determinados quintetos. Incluso llegó a jugar de base en la eliminatoria contra San Antonio Spurs, recuerdo.

Ayer vi algo de aquello en La Laguna Tenerife. Vi a Doornekamp y a Abromaitis haciendo trabajo interior desde la inteligencia y el movimiento. Vi ataques mucho más abiertos de lo habitual. Vi cambios constantes, circulación, espacios y jugadores intentando sobrevivir desde la lectura táctica más que desde el físico. Y sobre todo vi a Marcelinho Huertas haciendo de Marcelinho Huertas. Es decir: gobernando el ‘caos’.

Porque hay jugadores capaces de funcionar en sistemas estructurados. Y luego están los que además saben interpretar escenarios inesperados. Huertas pertenece claramente al segundo grupo. Cuando el partido se vuelve extraño, cuando faltan piezas, cuando hay que improvisar, su capacidad para leer ventajas sigue siendo una barbaridad competitiva.

Eso sí, tampoco conviene exagerar la comparación. Los Warriors de Don Nelson convertían el small ball en una religión ofensiva. Querían correr, lanzar y vivir en el intercambio permanente de canastas. El Canarias sigue siendo otra cosa. Incluso jugando pequeño, el equipo de Vidorreta continúa siendo reconocible: control, orden táctico, paciencia y muchísimo trabajo colectivo. Precisamente por eso me gustó tanto lo que vi. Porque el Canarias demostró algo muy difícil en el deporte profesional: capacidad para adaptarse sin perder identidad. No intentó convertirse en otro equipo; simplemente buscó soluciones distintas para seguir compitiendo. Y eso, sinceramente, tiene muchísimo mérito.

Quizá no fue exactamente el viejo Nellie Ball. Pero durante varios tramos del encuentro, La Laguna Tenerife me recordó que el baloncesto moderno también puede construirse desde la inteligencia, la movilidad y el espacio. Incluso cuando te faltan centímetros. Incluso cuando parece que todas las piezas interiores e importantes están fuera.

Y quizá mañana el Canarias vuelva a sufrir, vuelva a quedarse pequeño por dentro o vuelva a necesitar inventarse sobre la marcha. Pero si algo demostró anoche la escuadra amarilla y negra es que hay equipos que, incluso cuando pierden centímetros, jamás pierden el alma competitiva. Ese es el Canarias.