Rytas Vilnius derriba al AEK y conquista la BCL desde la incredulidad (86-92)

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  • El verdugo de La Laguna Tenerife en semifinales levantó la Basketball Champions League después de remontar 18 puntos y superar al AEK Atenas en la prórroga (86-92).

Por José Luis Hernández. Fotos:BCL Photo.

Badalona, Barcelona (Cataluña), 10 de mayo de 2026.

Publicado a las 00.59 GMT.

El AEK Atenas tenía la final bajo control. Mandaba en el marcador, dominaba el ritmo y había conseguido apagar durante muchos minutos el juego ofensivo del Rytas Vilnius. Pero el baloncesto, a veces, se mueve lejos de la lógica. Y ahí apareció el conjunto lituano para firmar en el Olímpic de Badalona una remontada imposible y conquistar la Basketball Champions League tras imponerse por 86-92 en la prórroga.

A falta de un cuarto, el equipo báltico estaba contra las cuerdas. Había llegado a perder por 18 puntos y apenas encontraba soluciones ofensivas ante la dureza defensiva del cuadro griego. Sin embargo, nunca dejó de creer. Y cuando el partido parecía definitivamente decidido, Simonas Lukosius incendió la final.

El alero lituano cambió por completo el panorama con una exhibición exterior demoledora. Sus siete triples entre la segunda mitad y el tiempo extra levantaron al Rytas y hundieron anímicamente a un AEK que pasó de sentirse campeón a ver cómo el título se le escapaba entre las manos. Lukosius terminó con 23 puntos y fue elegido MVP de la final.

Hasta entonces, el encuentro había sido claramente favorable al conjunto de Dragan Sakota. Bartley y Nunnally marcaron diferencias desde el inicio y el AEK supo llevar el choque a un escenario físico, incómodo para un Rytas desacertado desde el perímetro. El conjunto lituano arrancó negado en el lanzamiento exterior y esa falta de acierto permitió a los griegos abrir brecha muy pronto.

El 25-15 del primer cuarto tuvo continuidad antes del descanso. Gray y Nunnally siguieron castigando y el AEK alcanzó una ventaja de 42-25 ante un Rytas sin fluidez ofensiva y lejos de la versión mostrada durante la semifinal.

La dinámica se mantuvo tras el descanso. El cuadro ateniense llegó a colocarse veinte arriba mediado el tercer cuarto (55-35) y parecía tener el encuentro completamente encarrilado. Pero el Rytas fue creciendo desde la resistencia. Primero encontró pequeñas ventajas para reducir diferencias y luego apareció el acierto exterior que había estado ausente durante gran parte de la noche.

El último cuarto transformó por completo el ambiente en Badalona. Los lituanos comenzaron a correr, a creer y a golpear desde el triple. El AEK, que durante muchos minutos había transmitido seguridad absoluta, empezó a jugar con ansiedad. Dos lanzamientos consecutivos de Lukosius llevaron el partido hasta el empate a 80 y dejaron al conjunto griego completamente bloqueado. Lekavicius tuvo la última acción para evitar la prórroga, pero no consiguió convertir.

En el tiempo extra ya solo existió una dirección emocional. El Rytas jugó con la confianza del que se sabe capaz de cualquier cosa y terminó de completar la remontada con Gudaitis imponiéndose cerca del aro y Harding apareciendo en el momento decisivo.

El club lituano, heredero del histórico Statyba y acostumbrado históricamente a convivir bajo la sombra del Zalgiris, volvió a tocar un título continental por primera vez desde 2009. Lo hizo desde la fe, desde el carácter y después de protagonizar una final que en Badalona tardará mucho tiempo en olvidarse.

MVP

Simonas Lukosius firmó la gran historia de la final de la Champions League y llevó al Rytas Vilnius hasta el título con una actuación descomunal frente al AEK Atenas (86-92). Cuando el conjunto lituano parecía completamente fuera del partido tras verse 20 puntos abajo, apareció el escolta para cambiar el rumbo del encuentro a base de personalidad y acierto exterior.

El jugador lituano, que había pasado prácticamente desapercibido durante buena parte de la temporada 2025-26 con una media de 6,4 puntos por encuentro, explotó en el escenario más exigente posible. Lukosius asumió toda la responsabilidad ofensiva en el momento crítico y terminó la noche con 23 puntos, castigando una y otra vez desde el perímetro con siete triples decisivos.

Su exhibición terminó por desarmar al AEK Atenas y convirtió una final que parecía perdida en una remontada memorable para el Rytas Vilnius. El escolta entró en estado de gracia cuando más lo necesitaba su equipo y acabó coronándose como el MVP de una noche que ya queda marcada en la competición.