Aquel Cajacanarias carnavalero

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  • La imagen también sirvió para que los compañeros de la extinta Basket 16 destacarán las virtudes de un equipo espectacular.

Por José Luis Hernández – Fotos Cedida

La Laguna-Aguere (Tenerife), 15 de marzo de 2025.

Actualizado a las 15.04 GMT

Corría el mes de febrero de 1988 y Tenerife vibraba, como cada año, con los ritmos y colores del Carnaval. Sin embargo, aquel año hubo una imagen que quedó grabada en la memoria de la Fiebre Amarilla: la plantilla del Cajacanarias, disfrazada sobre los históricos uniformes amarillos y negros, posando en la arena de la icónica Playa de Las Teresitas. Una instantánea que capturaba no solo el espíritu festivo de la isla, sino también la esencia de un equipo inolvidable.

En la imagen, que me ha hecho llegar el Maestro Carmelo Cabrera esta mañana, los jugadores, acompañados por el cuerpo técnico se muestran relajados y sonrientes, dejando atrás la presión de la alta competición para compartir un momento de ‘buen rollo’. Aquella escuadra, llena de carácter y talento, se había convertido en un referente del baloncesto canario y español. Al frente del grupo estaba el cuerpo técnico, dirigido con maestría por José Carlos Hernández Rizo, una figura clave en la historia del club, junto a su segundo entrenador, Javier Castroverde y el fisioterapeuta Hans Brown..

En la fotografía destacan, de izquierda a derecha, #11 Óscar Peña, #9 Germán González, #8 Matías Marrero, #10 Kenny Perry, #4 Rickie Winslow, #13Manolo de las Casas, #5 Salva Díez, #7 Carmelo Cabrera, #14 Javier Rebollo y #15 Santi García, un auténtico equipazo que logró la sexta plaza en la Liga ACB y la clasificación deportiva para disputar, en la temporada 1988-89 la extinta Copa Korac.

El Cajacanarias de la temporada 1987-1988, que en la primera vuelta tuvo a Eddie Phillips y Mike Harper como extranjeros, fue mucho más que un equipo de baloncesto. Fue un símbolo de identidad y orgullo para la isla, no solo por sus logros deportivos sino también por el espíritu familiar que se respiraba en el vestuario, si nos ceñimos a la segunda vuelta de la competición doméstica, amén de la inmensa cantidad de baloncestistas canarios con los que contaba y de la participación dos canarios de adopción como Germán y Salva.

Aquel éxito deportivo del legendario Cajacanarias no se entendía sin la cohesión del grupo, una conexión que se hacía evidente en momentos como el de aquella fotografía en Las Teresitas. Los disfraces, las sonrisas y las bromas eran reflejo de un equipazo que sabía compaginar la competitividad en la cancha con la alegría y el compañerismo fuera de ella. Hoy, esta foto sigue siendo un tesoro para quienes vivieron aquella época y para los que aún recuerdan a aquel Cajacanarias que se dejó el alma en cada partido. Más que un simple equipo de baloncesto, fueron una familia que compartió la pasión por el deporte y la alegría de ser parte de una tierra que los hizo suyos. A todos.