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José Luis Hernández (sbc) La Laguna (Tenerife)

El gran Groucho Marx, uno de los mejores humoristas del pasado siglo XX, pronunció en una de sus múltiples películas, una frase que, como tantas otras suyas, pasó a la historia del cine: "Estos son mis principios, si no le gustan... tengo otros". Y eso es lo que ha hecho el Consejo de Administración del Cantera Base 1939 Canarias SAD desde que decidieron que el nombre del club no apareciera en la denominación comercial del primer equipo. Resumiendo, aplicaron los principios de Groucho.

Que, como dirían los catalanes, El negoci és el negoci, lo sabemos todos, especialmente el gerente, el presidente y sus consejeros, pero también que los símbolos y las señas de identidad cuentan muchísimo, para los seguidores del club aurinegro. Si extrapolamos esta situación a otra disciplina y a otra entidad deportiva con carisma como es el Club Atlético de Madrid, por ejemplo, no hace muchas fechas que se "armó el Belén" por el tremendo malestar que produjo, entre sus seguidores, el hecho de que la directiva decidiera modificar, levemente, el escudo del club. Y recalco lo de levemente porque no se quitó el oso y el madroño, que siguen manteniendo su protagonismo, pero en nuestro club, unos cuantos deciden quitar el nombre de nuestra entidad y no pasa nada... de momento. ¿Será porque vamos ganando?

Hablamos del nombre de nuestra entidad, de nuestro club, el de todos, el más bonito. El malestar por la no utilización de Canarias en el nombre comercial, cosa a la que siguen sin dar explicación, va en aumento. No tiene lógica ninguna, se mire por donde se mire. Es un insulto al canarismo y una falta de respeto a todas y cada una de las personas que han luchado, especialmente en los malos momentos, por el club lagunero y tinerfeño.

La cuestión es, tremendamente, grave y trascendente. Que la ocultación del nombre del club se haga por intereses económicos y por dirigentes que se manifiestan canaristas acentúa la gravedad de una decisión que pasará a la historia como errónea, dolorosa para los aficionados aurinegros, y les otorga el dudoso honor a los anteriormente citados, gerente, presidente y consejeros, de ser los primeros en la historia del club en borrar de un plumazo su nombre. Todo por la pasta.

La cuestión tiene su miga, que diría alguno, ya que estamos hablando de esos principios que Groucho Marx estaba dispuesto a cambiar si le interesaba, igual que hace el Consejo de Administración del C. B. 1939 Canarias, pero que uno creía intocables entre las personas serias. Un equipo que presume de ser más que eso y de llevar el sentimiento de la Familia en su corazón no puede prescindir de su nombre, bajo ningún concepto, porque estás renunciando a tu identidad. ¿Conocen alguna familia que no utilice su nombre?

La decadencia de los principios de algunos, si es que alguna vez los tuvieron, nos lleva a equívocos y errores en la imagen exterior e incluso interior de nuestro equipo. El daño que están haciendo a un Canarias confundido con el Tenerife es enorme, irreparable. Pero se ve que los beneficios de este atropello a la nomenclatura del primer equipo son cada vez más notorios, al margen de sus fundamentalismos.

Fundamentalismos también los hay en el baloncesto, en los que sólo miran el color del dinero y no los de la camiseta de la que cobran, por cierto, decir que se puso la negra como primera equipación porque El Teide se ve mejor no cuela, pero eso lo hablaremos otro día.

En nuestro caso, a estos fundamentalistas de la pasta, la ausencia del nombre les da igual. La única religión que les queda y que les interesa es la del dinero. Parece que el romanticismo baloncestistico, nuestro nombre, sólo estorba al beneficio. Yo jamás se los perdonaré. No sobra nadie, ni Iberostar ni Tenerife. Falta Canarias. También Groucho aunque algunos se empeñen en emularlo.