• Una mala segunda parte de los hombres de Katsikaris, un parcial de 0-14 para los blancos y la extraordinaria aportación de Luka Doncic, claves de la victoria madridista ante un batallador Canarias que plantó cara durante 28 minutos.
  • El equipo lagunero despierta del sueño copero con la satisfacción de haber llegado a las semifinales por primera vez en su historia.
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José Luis Hernández @JoseLuisHdezT7
Fotos: ACB Photos
17 de febrero de 2018

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA - Acabó la brillante andadura copera del Canarias en Gran Canaria. Los hombres de Katsikaris no pudieron aguantar al Real Madrid más de veintiocho minutos, justo cuando la perla blanca, Luka Doncic, vio a su equipo en apuros y acudió al rescate. El esloveno, con Carroll, Fernández y Thompkins como escuderos, tuvo su día, liderando a los de Laso en puntos, rebotes, asistencias, recuperaciones y valoración.

El Real Madrid superó por dieciocho puntos (59-77) a un Canarias sin complejos, un conjunto, el aurinegro, que se atrevió a tutear al campeón durante veintiocho minutos (49-50) hasta que un fatídico parcial de 0-14 para los merengues comenzó a despertarles del sueño copero.

El Real Madrid, de inicio con Causeur y a continuación con Tavares, parecía sentirse cómodo en el intercambio de canastas (6-7, minuto 4), si bien pronto retrocedió un paso, como si no se esperase algo que advertía  Pablo Laso desde la previa. Es imposible, absolutamente imposible, que una semifinal suponga lo mismo para aquel que la pisa por primera vez que para el que lleva cuatro Copas del Rey conquistadas de forma consecutiva. Y no hay mayor expresión de ilusión y ganas en una pista que colgarse del aro con rabia, celebrar con euforia, intentar que cada enceste valga mucho más de dos puntos. Cómo lo sabía el estadounidense lagunero Mike Tobey, y así lo demostró.

El cuadro aurinegro salió crecido en la pintura, anotando sus primeras seis canastas bajo el aro. Rodrigo San Miguel, con un triple y Tobey, merced a un lanzamiento de seis metros y medio, firmaban un 5-0 para abrir la primera brecha seria para los de Aguere (17-9, minuto 8) del encuentro. Fiesta en la grada de la Fiebre Amarilla. Con el "Sí se puede" por bandera,  Kostas Vasileiadis celebró una recuperación como una canasta ganadora sobre la bocina. Tavares náufrago en ambas zonas y Mike Toby cerró el primer cuarto con otro mate. Con alma, rabia y corazón.

Solo diez minutos bastaron para que el Real Madrid se tomara en serio la afirmación de Javi Beirán en la que aseguraba que "el Canarias no estaba allí de vacaciones y que querían disputar la final mañana". Davin White sumó tres tiros libres y Don Fran Vázquez dijo aquí estoy yo. El pívot gallego ha hecho una gran Copa, justo cuando está a punto de cumplir 35 años. El aurinegro Fran vivió en esta Copa una especie de regresión a sus mejores tiempos. Su suspensión, lejana, y su facilidad para anotar debajo del aro, le llevó a sumar para el Canarias 10 puntos en tan solo 8 minutos de juego. Por momentos, el choque estaba en sus manos o por lo menos era el referente claro de los tinerfeños.

Con 30-23 en el ecuador del segundo cuarto, el actual campeón reaccionó. Lo hizo desde la defensa, como realmente se cambian partidos, tal y como les había pedido Laso. Con Doncic dando un paso al frente, y con Jaycee echándose el equipo a su espalda. Una canasta de dos, un coast-to-coast, un triple. 7 puntos seguidos. Con el ímpetu aurinegro bajo control de los merengues, los de Laso se permitieron el lujo de adelantarse en el luminoso a 9 segundos para el descanso, antes de que Beirán anotara, sobre la bocina, y se llegara al tiempo de descanso con un punto arriba para los canaristas (38-37).

El equipo madrileño, pese a la canasta inicial de Tobey, no se puso nervioso. De nada importaba que Fran Vázquez siguiera anotando con soltura o que la afición canaria, como no podía ser de otra manera, simpatizara muchísimo más con uno de los dos equipos de su tierra que con uno foráneo. El partido se mantenía igualado y el intercambio de canastas continuaba (49-50, minuto 27), tras un triple de Davin "Globetrotter" White.

A partir de ahí, el mentado parcial de 0-14 para allanar el camino a los de la capital del estado español. Los blancos, que venían de anotar de tres, hicieron un parcial de 8-0 e impusieron su ley. Cuatro puntos de Rudy Fernández y la ya clásica canasta cómoda de Thompkins, cerraron el cuarto con 49-56. El vendaval blanco aún solo había comenzado. Le tocaba, para desgracia aurinegra, el turno a Luka Doncic.

De Thompkins a Doncic. De Doncic a Thompkins. El americano, algo fallón desde fuera, era una pesadilla para el Canarias cada vez que le daba por acercarse al aro rival. Y Luka era una pesadilla en cualquier parte de la pista para los de Katsikaris, que por primera vez en todo el torneo, se empezaron a ver fuera de la final.

El esloveno parecía capaz de todo. Máximo anotador de su equipo (17 puntos), máximo reboteador (7). El mejor asistente (5), el mejor recuperador (4), el más valorado (28). Un dos más uno con su rubrica y triple del activo Fernández (49-64) provocaron que los ocho últimos minutos sobraran para los jugadores aurinegros.

El conjunto lagunero en ningún instante perdió la cara al partido, ni bajó los brazos. Orgullo aurinegro, orgullo lagunero. Batallaron por sus colores, por sus aficionados, muchos en la gradas, incansables hasta con el partido roto, ilusionados incluso con intentar la gesta de volver a superar a los blancos tras un parcial de 6-0 para los de La Laguna (55-64, minuto 35) que se quedó en nada para desgracia tinerfeña.

Hasta el 59-77 final, un homenaje a los valientes jugadores de Katsikaris, los que han agrandado la leyenda del Club Baloncesto Canarias llegando a semifinales, Enfrente, el eterno finalista, Real Madrid, que tras cuatro títulos consecutivos busca su quinta corona. Los nuestros han derrochado ilusión, garra, carácter, raza y buen baloncesto. Regresan a La Laguna, sí, pero con la satisfacción de haber llevado muy lejos el orgullo de una ciudad, de una isla, de un pequeño país atlántico.

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